Martes, 23 de Noviembre de 2010 18:34

Cuando a principios del 2006 el entonces gobernador Juan Carlos Romero Hicks le propuso liderar la plataforma logística más importante de América Latina, Jorge Acevedo dejó de dormir una semana.
Tenía apenas 33 años y su tarea no sería fácil: desarrollar el proyecto más complejo de su categoría constituido por una aduana interior, un recinto fiscalizado, un parque industrial, una zona de actividades logísticas, una terminal intermodal de carga, una terminal de carga aérea, zona de servicios y educativas.
"Me tocó ver tierra, nos tocó armarlo con el apoyo de toda la gente. Es como si todo lo que has soñado siempre, te lo pusieran en las manos. Llegué eufórico a la casa. No la creía. Duré días sin dormir pensando en lo que se venía. Una pasión", afirma Jorge Arturo Acevedo Alarid, director del Puerto Interior Guanajuato.
Hoy en Puerto Interior el Gobierno del Estado ha invertido 2 mil millones de pesos. La iniciativa privada unos 500 millones de dólares.
A la fecha cuentan con la firma de 24 empresas, más la Volkswagen. De éstas, 10 empresas están operando, siete están en construcción y otras siete se instalarán en los próximos meses.
Para Jorge Acevedo Alarid, la instalación de la planta de la Volkswagen en Puerto Interior, es uno de los logros más grandes del gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez.
Jorge Acevedo nació el 5 de diciembre de 1972 en la Ciudad de México. El trabajo de su papá como contador de grandes empresas, lo trajo a León en 1979, cuando cursaba segundo de Primaria. Antes de concluirla, ya había quemado tres veces la instalación eléctrica de su casa intentando diseñar un foco.
"Me encantaba arreglar planchas, destruir licuadoras y hacer focos. Yo salí como un Ciro Peraloca y mi sueño era hacer robots", afirma.
La secundaria la hizo en el Instituto Lux, donde no era el alumno favorito de sus mentores. Era demasiado inquieto.
Su papá lo desafió un día en que llegó tarde a casa. "Mientras yo te mantenga, aquí en esta casa hay hora de llegada y se cumple con las reglas". Ese fin de semana fue uno de los más largos de su vida.
"Cuando entendí, fui a buscar trabajo a la fábrica de calzado donde trabajaba mi papá. Pero yo era niño fresa del Campestre. En la empresa mi papá no me recibió y me mandaron a recursos humanos. Me metí a hablar con el dueño y me presentó dos oportunidades", recuerda.
A los 14 años la vida le cambió.
De día iba a la escuela, por la tarde pegaba tacones y barría la fábrica y de noche dormía en su casa de El Campestre, uno de los fraccionamientos con más plusvalía de León.
Había sido un "complot" entre su papá y el dueño de la empresa. Su sueldo ascendía a 21 pesos con 70 centavos. Meses después, don Jesús Mendoza lo invitó a trabajar a una peletería con un sueldo de 37 pesos.
Un año después comenzó a trabajar en Industrial Calzadora de México, una fábrica de botas industriales. A los 17 años ascendió como Gerente de Compras. Ya tenía secretaria y coche de la empresa.
Un día en su casa, entre el café, el cigarro y el estrés por tantas actividades, perdió el conocimiento. Todavía no era mayor de edad y ya le había dado un microinfarto. Estuvo tres meses sin trabajar.
Cuando llegó el tiempo de la Universidad, Jorge Acevedo decidió estudiar Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones. Al salir abrió su primera empresa que se dedica a ensamblar, reparar y vender computadoras. Llegó a atender a todas las escuelas particulares de León.
En uno de sus viajes, se encontró con el rector de la Universidad de Guatemala, quien había ido a Estados Unidos a comprar computadoras, pero había regresado con las manos vacías porque estaban muy caras.
"Diosidencias", dice. Se le prendió el foco y le ofreció venderle los equipos desde México. Así comenzó a exportar.
El comercio exterior le gustó y cursó la Maestría en Derecho Aduanero.
Es padre de dos hijos: Jorge Andrés de ocho años "nuestro mejor regalo después de cuatro años de buscarlo. Es un niño noble, tierno, comprometido, responsable y soñador", y Alejandro de seis; "es un tiro, tiene la sonrisa más cautivadora", apunta.
Pero entre sus proyectos profesionales, el más ambicioso e importante es el del Puerto Interior.
"Me acuesto urgido de que amanezca para hacer algo en el Puerto Interior. Es maravilloso. Es lo mejor que me ha ocurrido profesionalmente", dice.
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