Martes, 08 de Marzo de 2011 18:38

Cuando era funcionario federal a él y a su jefe los “secuestraron” unos campesinos en una asamblea ejidal, en Michoacán. José Luis Manrique se escapó y pidió ayuda. El que estaba adentro era el entonces subsecretario de la Reforma Agraria, Ricardo Sheffield, y los rescataron unos policías.
Desde entonces, se ha convertido en un colaborador incondicional para Sheffield, y ahora es el secretario Particular en Presidencia Municipal.
Es el hombre que domina el tiempo, las citas y el calendario del Alcalde de León.
“Es un desafío todos los días, te das cuenta que los problemas de los ciudadanos rebotan primero aquí, en el Municipio, y que tienes que resolvérselos, y que te tocan reclamos, regaños, y hasta maldiciones, y lo que tienes que hacer es sonreír y ponerte a trabajar. Cuando empecé en esto me dio emoción y no la he perdido”, dice Manrique, de 31 años, quien estudió Comercio Exterior y que tomó un diplomado en Harvard en políticas públicas.
Tiene cinco años en la política y tres de militar en Acción Nacional, un partido al que se afilió en la Ciudad de México, cuando él era el secretario de Sheffield, en la Reforma Agraria.
Pero aquí en León no se afilió porque “era muy difícil entrar, ponían muchas trabas”, dice.
Ahí conoció las marchas y manifestaciones de a de veras, como cuando unos ejidatarios se sacaron sangre con jeringas y luego la ponían en botes para escribir con ella en las paredes.
Es un aficionado a romper los paradigmas, los cánones y las cosas establecidas, por eso cree que el reto que tiene esta administración es innovar.
“Cuando llegamos en esta administración, el alcalde comenzó con la renovación de los consejos, con los cambios a los reglamentos, y en esto estamos, en darle un giro distinto al servicio público, una administración que deje huella”, sostiene.
En su primer día de trabajo, Sheffield –quien era coordinador en Guanajuato de la campaña de Felipe Calderón a la Presidencia de la República- lo citó a las seis de la mañana como para retarlo a ver si se levantaba y cuando llegó, le dio las llaves de una camioneta para que manejara casi sin parar. Y desde entonces, esa confianza que depositó en él Ricardo Sheffield, no la ha perdido.
Fue así que anduvo de un lado a otro, con la avanzada, con los operadores y estrategas afines a Calderón. Y con Sheffield un político que nunca está quieto.
Desde niño iba a los mítines del PAN porque su mamá, que admiraba a Carlos Medina Plascencia, lo llevaba religiosamente a apoyar al político del blanquiazul que llegó a gobernador.
“Yo en realidad sí tuve una infancia influenciada por el PAN, mi mamá me llevaba a los mítines y así fue que conocí de niño la política, y por eso estoy aquí”, platica.
En la Universidad Iberoamericana estudió Comercio Exterior y se fue de intercambio a Chicago. Su papá es un perito especializado en grafoscopía.
Algo de los que pocos saben es que José Luis Manrique estuvo a punto de ser sacerdote y luego más tarde, agente aduanal.
Lo primero fue cuando tenía 15 años, y estudiaba con los Legionarios de Cristo, en la Ciudad de México. Pero al final supo que eso no era su vocación, y en unas vacaciones ya no regresó allá.
Por ahora no tiene una aspiración política para el 2012. Y quizá sea de los últimos en cerrar la puerta de la alcaldía. Y lo dice convencido como si tuviera el compromiso tatuado.
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