Martes, 13 de Septiembre de 2011 00:00

Tiene 32 años y algunas de sus pasiones, además de la que nos ocuparemos en esta entrevista, es la música clásica y la Ópera. Sí, el “bel canto”, con todo lo que implique quizá de elitista o sofisticado.
Él, lo defiende, pues se ha emocionado al por mayor cuando escucha a Pavarotti, de quien es “fan” y dice tener todos sus discos. Esos que escucha de continuo cuando se monta en su auto para rememorar las ocasiones en que fue a ver al tenor en alguna de sus presentaciones en México.
Entonces podríamos pensar en José Luis Carrillo Alor como un abogado atípico o no, según lo consideremos, porque él se afirma también como un fanático de las artes visuales.
Pero antes de dibujarlo más, contextualicemos la relación de este Maestro en Derecho Internacional Fiscal por la Universidad de Viena, con el desarrollo comunitario.
Fue precisamente en ese país, mientras estudiaba, que el abogado pensó en devolverle algo a su lugar de origen, pero entonces no había encontrado la manera.
Ahora, como socio legal de la firma de asesoría internacional Indux y presidente de la Fundación Impulso al desarrollo social, ha podido generar proyectos que lo mismo van a las áreas de medio ambiente, educación o desarrollo en las comunidades.
“Impulsamos personas y emprendedores sociales a que se involucren y diseñen políticas públicas y actividades de alto impacto social”, sostiene.
Algunas de estas campañas se han concretado en la donación de sillas de ruedas, llevar alimentos a los damnificados en Veracruz, hacer reciclaje electrónico en varias ciudades o involucrarse por ejemplo en conseguir becas para algún estudiante universitario.
“Me dí cuenta de todo lo que se podía hacer por los chavos, por las familias y como cada vez había más personas de la sociedad civil dispuestas para aportar a su entorno”.
Así, la fórmula parece simple aunque no lo es tanto. Si alguien tiene una idea, Impulso los ayuda a concretarla, definir un proyecto viable y tratar de hacerlo funcionar.
“Lo que se pretende es que la sociedad civil organizada se sume en conjunto con programas de gobierno. Pretendemos ser un eje motivacional y generar un sentido de pertenencia.”
La red, como le gusta a Alor llamar a la fundación, ha beneficiado a unas 70 familias en alguno de los 12 programas que se han concretado.
Cada proyecto tiene un monitoreo durante seis meses para, entre otras, ver la pertinencia de su aplicación al contexto para el que fue planteado.
“Al día de hoy tenemos asesores en Washington, tenemos los ojos de observadores extranjeros en Alemania, gente de Ginebra, que analizan el impacto social de nuestros proyectos y el potencial, que sepan que no trabajamos con un modelo tradicional”.
Indux como tal, tiene oficinas en León, Irapuato, Querétaro, Cancún y próximamente en Houston, y en cada una de ellas hay un responsable de la fundación Impulso.
Las oficinas de León por ejemplo, se ubican en la calle Pino Suárez, donde un portón discreto da la bienvenida a una oficina estrecha, donde platico con Alor, quien viste de corbata y pantalón gris.
Y aquí vamos a terminar de dibujarlo: originario de Salamanca pero con seis años de trabajo en la ciudad, José Luis es un hombre que a las cosas que realiza, como se habrán dado cuenta, no le gusta apropiárselas y hablar en primera persona, más bien en tercera, a lo mejor por costumbre o para mantener quién sabe por qué, determinada distancia.
Su oficina, en concreto, sobre el escritorio, hay un par de libros de Gaudí y el arte pictórico egipcio.
“Nos interesa mucho el arte, lo mexicano nos encanta y por eso tenemos ese tipo de decoración. Soy fanático de las novelas históricas; si son románticas no me llaman mucho la atención, pero leo básicamente las gestas revolucionarias y guerras mundiales”.
Cuando le pregunto de sus otras lecturas, menciona el libro “Alterados”, de Federico Reyes Heroles.
Coautor de un libro de tratados internacionales y asiduo consumidor de las producciones de Plácido Domingo a quien vio en el Teatro de Viena y pagó tres euros luego de esperar cuatro horas formado para tener una localidad de ese precio, el abogado reflexiona que su gusto por la ópera y las artes visuales quizá tengan que ver con darle un giro a su formación profesional, en exceso técnica.
Mientras acomoda sus cosas y los documentos necesarios para concretar lo que será la primera casa comunitaria de Impulso en Cuerámaro, Alor dice que su gusto por el “bel canto” viene quizá de la primera producción que vio completa: “Tosca”, de Puccini. Desde entonces está convencido de que el arte al igual que las acciones de desarrollo comunitario que gestiona, tienen que llegar a la mayoría de los ciudadanos.
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