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La Feria como instalación

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Hace 16 años que voy a la FeNaL. No sé cómo fue su inicio: esos primeros diez años. Sin embargo, he visto como se ha transformado de un simple mercado de libros con eventos en una instalación (en esa acepción que tiene en el arte contemporáneo). Sé que a muchos les dará repelús la afirmación. Y antes de hacer analogías extrapoladas de matemáticas a la crítica (eso de afirmar que hay una topología del arte actual y ésta la podemos ubicar en la instalación) habría que aclarar varios puntos.

1.       El arte contemporáneo inviste o enuncia algo más allá de la producción presentánea.

2.       Este arte privilegia el presente respecto al pasado o al futuro

3.       Se contrapone al arte moderno, pues este se respaldaba en la creatividad para confrontar el pasado y asirse al futuro. Pues es en base a eso que conforma su halo[1].

4.       El arte contemporáneo proviene de las vanguardias que tomaron por referencia a Bakunin, Nietzsche y Stiner: busca nihilizar hasta llevar a la destrucción y/o reducción los iconos que estuvieron para el futuro.

5.       Para que algo sea nuevo necesita constantemente de la historia precedente. Es decir, que no podemos hablar de un arte sin el pasado al que refiere directamente, por iconoclasta que sea.

6.       Para lograr esto, necesita del consumo de imágenes en museos, galerías o cualquier forma de exposición.

7.       A diferencia de lo que imaginaba Walter Benjamin, no hay un halo o aura en las piezas reproducidas. Pues es la convención social que se otorga en un espacio lo que hace que hablemos de arte (Duchamp).

8.       Después de las vanguardias, desde COBRA al Neoismo, la división de Alta y Baja cultura se perdió, esto generó que la convención cambiara: sólo importa “presentar el presente”; generando un “olvido” por el futuro o el pasado en el momento de consumir la obra.

9.       Esto nos llevó a sólo apreciar la obra dentro de un montaje: la instalación. La cual puede consistir en arte plástico, visual, texto, audio.

10.   Con esto podemos inferir el por qué la FeNaL es una instalación. Pues ella radica en presentar un conjunto de productos: El arte de la instalación, que en la actualidad es la forma señera en el contexto del arte contemporáneo, opera como un reverso de la reproducción. La instalación extrae una copia del presunto espacio abierto y sin marcas de la circulación anónima y lo ubica aunque sólo sea temporalmente -en el contexto fijo, estable y cerrado de un “aquí y  ahora” topológicamente bien definido. Esto quiere decir que todos los objetos dispuestos en una instalación son originales, incluso cuando –o precisamente cuando circulen como copias fuera de la instalación. Los componentes de una instalación son originales por una sencilla razón topológica: hace falta ir a la instalación para poder  verlos. La instalación es, ante todo, una variación socialmente codificada de la práctica  del flaneur (flaneurship), como la describió Benjamin, y por tanto, un lugar para el aura, para la “iluminación profana”[2].

Groys introduce la analogía matemática de la topología, pero habría que explicarla: la topología es el área de las matemáticas que estudia la referencia a una cierta familia de subconjuntos de un conjunto dado, familia que cumple unas reglas sobre la unión y la intersección. Para ejemplificar esto: en el siglo XIX la novela era la forma total de arte, pues en ella cabía las demás formas artísticas; la forma donde caben muchas formas de arte en la actualidad es la instalación: cuando vamos a ver una exposición en una galería o en un museo nos encontramos con una instalación que determina (por el curador) qué vemos, cómo lo vemos y qué trata de contarnos el conjunto completo. Cuando vamos a una exposición y esta no la entendemos puede ser por tres motivos: 1) desconocemos el lenguaje que se nos presenta, 2) no sabemos hilar la secuencia que se presenta en la exposición o, 3) quien realizó el trabajo curatorial no tenía la mínima idea de lo que estaba haciendo.

Podemos observar que desde la época de Alicia Escobar, la Feria fue tomando este cariz: utilizar los diversos elementos que confluyen allí para generar un orden o seguir un elemento o concepto para que todo gire en torno a él. Sin embargo, será en cuanto Juan Melía tome el mando, que esto queda plasmado de manera contundente: está tan armado que cualquier simio puede hacerla funcionar sin apenas pensar demasiado. Lo podemos corroborar en las últimas cuatro emisiones: aun sin crear nada, usar un concepto (por insulso que sea) y hacer las cosas un cuarto para salir, la instalación funciona. Pero esto le genera un desgaste: hace cinco años la FeNaL era tendencia a nivel nacional, entre los primeros puntos de referencia para las editoriales. En la actualidad es otra feria más, como la de San Juan de los Palotes.

Este modelo de exposición requiere varias cosas para que siga funcionando y evite el desgaste innecesario:

a.       La Instalación exige un concepto claro de lo que se desea mostrar.

b.       Un manejo claro de ese concepto para determinar la inclusión de elementos y la exclusión de otros.

c.       Un conocimiento del contexto, intertexto, lo intratextual y extratextual del concepto para crear una inclusión de los elementos que funcionen en la instalación. Y que la exclusión no se realice por mera emocionalidad, descartes por desconocimiento o disfuncionalidad conceptual.

En esta última emisión tuvo un concepto fuerte y que podía haber sido contundente: el principio de suspensión de la incredulidad (Magia para llevar). Concepto que ha validado la literatura desde los subgéneros (policial, fantástica, ciencia ficción, negra, etc.), la Alta Literatura desde mediados del siglo XIX hasta las narrativas de la series televisivas actuales. El cual consiste en crear un convenio tácito entre el lector (espectador) y el autor (productor – realizador) donde las cosas se comportarán de acuerdo a unas reglas específicas y creíbles dentro de la historia. Cuando no se cumplen esas reglas, el convenio se termina y el lector sabe que el autor es un  perfecto soquete.

Si se hubieran apegado a tal concepto la feria podría haber funcionado. No se habría notado como deshilachada, hecha con pegotes y con exceso de pretensión. Por lo poco que pude ver, parecía un tianguis con aires de ser totalmente palacio. No se ha realizado un estudio claro de su función y las implicaciones que tiene para la ciudad. Supongo que nos volverán a mostrar sus cifras infladas de trescientos mil asistentes o hasta medio millón, pero no dirán cuáles fueron los títulos más vendidos, jamás generarán una infografía para observar cuáles son la editoriales más visitadas, cuál de ellas atrajo más público por los eventos creados por ellos, qué taller generó más producto, cuál era el hilo conductor de los eventos presentados y cómo fue que trabajaron el concepto rector  en una memoria, por lo menos electrónica, cuál de ellos creó más conciencia sobre el elemento trabajado, cuánto dinero generó para la ciudad un proyecto como este.

Esto, señores, no es imposible. Pues en todos los festivales europeos y norteamericanos por los que se nos cae la baba y se aspira a realizarlos aquí, se hacen estos estudios. Todos funcionan como instalaciones de arte, también. Entiendo que es caro mandar a un tipo que durará uno o dos años en el empleo, pero hay algo que se llama internet y se puede bajar la información generada por varios de esos festivales. La solución no es gastar más, es reducir gastos innecesarios; no es presentar todo lo que se nos ocurra, es darle un orden, una inclusión a lo necesario y una exclusión a lo que no; en resumidas cuentas: más imaginación, menos pretensión y una administración real de los gastos.

Basta de que nos exijan aplaudirles por su esfuerzo, es el momento de exigir resultados reales y concretos, aunque sean pobres. Y si no pueden, dejen que otros hagan su trabajo, que el sueldo no es pobre.

 

 

Espero que después de esta pifia de evento, ahora si lleguen al superFIAC prometido.

 



[1] Benjamin, Walter. Discursos Interrumpidos I, Editorial Taurus, Argentina, 1989.

[2] Groys, Boris. Antinomies of Art andCulture. Modernity, Postmodernity, Contemporaneity, Duke University Press, 2008 (pps.71-80)

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Francisco Rangel. (Celaya, Gto. 1975) Es padre de Familia y amo de casa. A ratos da clases, a ratos prefiere hacer de comer. Navajero con problemas de literatura, nunca al revés. Escucha música a puños y a puños vive. Gracias a su aburrimiento escribe y ha publicado un par de libros: Junkebox - Cartas a mi Hija (ICL, 2009) y Dios por Dios es Cuatro (Ediciones La Rana, 2010)
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