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May 16
2012
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NI PINTO NI COLORAO
El árbitro está por pitar el inicio del encuentro, después de dos horas en que las tribunas se habían llenado por ser la final del campeonato, la hinchada grita porque se abra la venta de cerveza; prohibida por ser un juego de alto riesgo. Se da el silbatazo inicial, el equipo visitante controla el balón y la mentadera de madres rompe mi límite de decibeles en los oídos. Pero Enrique Peña Borja roba la pelota y se mete sólo al área contraria contra seis defensas del Atlético Jesuita, el equipo de la Ibero ahora con una hinchada estilo Rebel como la de Pumas; al ariete Quique Peña lo paran en seco, se tira el clavado y el árbitro marca penal. Enrique tiene la gran oportunidad, va a tirar, el portero se entrega, pero el público le grita “¡Atenco no se olvida!”, pierde la concentración y ¡la vuela!; el peinado jugador encara a la porra jesuita, diciendo que cumplió con el reglamento para poner orden, paz y juego limpio. El árbitro lo expulsa, el estadio le grita “¡fuera!”, parte de los hinchas se brincan al campo de juego para perseguir a Peñita, el famoso jugador; este corre a los baños a salvarse, utiliza a sus guarros para que le hagan un catenaccio italiano y no pase ningún violento aficionado, así pueda escapar el asustado crack tricolor con su Gaviota al concierto de Paul McCartney, otra mala decisión, pues le espera otro territorio comanche.










