Martes, 14 de Febrero de 2012 18:50

Tras 20 años de dominio panista pero alentado por la ola que creen puede arrastrar el efecto Peña Nieto, el PRI Guanajuato se apresta a elegir a su candidato a la gubernatura a la antigüita, es decir vía dedazo pero sin la garantía de éxito que en los tiempos de gloria tenía esa práctica.
En el PRI y particularmente en el de Guanajuato, lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Dejado de la mano de Dios y del CEN de su partido, hay dudas de la forma en que superará el PRI el trance de la elección de su candidato y plantarse con posibilidades de una pelea electoral digna en los próximos comicios.
El método elegido por el PRI es la asamblea de delegados, lo que implica la participación de unos dos mil electores; la mitad salen de las propuestas de sectores y organizaciones y la otra mitad de asambleas distritales en donde se registran planillas impulsadas por los propios priistas y cuyo resultado depende de la capacidad de movilización de los propios sectores.
No hay ninguna duda de que si los priistas llegan a esa instancia, el favorito indiscutible es el senador Francisco Arroyo quien durante los últimos años se dedicó a cultivar el apoyo de sectores como la CTM de Hugo Varela y el Movimiento Territorial de Alejandro Arias. También tiene de su lado a la CNOP que encabeza Adrián Camacho.
Ni Juan Ignacio Torres Landa –que por decisión propia no irá a un registro si hay más competidores-, ni José Luis Romero Hicks que no tiene la menor ascendencia entre las bases priistas, le pueden hacer sombra.
Otros, como el alcalde con licencia de Pueblo Nuevo, Leonardo Solórzano o algún otro que quiera lanzarse desde la tercera cuerda a la interna priista, no tiene red de protección aunque sí podría hacer ruido.
La convocatoria que estaba anunciada para salir entre el 18 y el 23 de enero se ha venido difiriendo precisamente porque el candidato se pretende definir al viejo estilo: el dedazo implacable del candidato presidencial en turno.
Pero tal parece que esa maquinaria de la designación –como se le llama eufemísticamente ahora- ya no funciona como en antaño y si alguien no cree, ahí está el desaseo que rodeó la designación de fórmulas únicas para el Senado que recayeron en Miguel Chico y Bárbara Botello.
Hugo Varela -que es campeón en institucionalidad- y sus jefes en México se rebelaron momentáneamente al tacto de elefante de quienes orquestaron ese dedazo. Luego vino la calma.. ¿qué precede a la tormenta?
ARROYO EL NATURAL; JUANI, CUPULAR; ROMERO, CABALLO NEGRO
Con dos finalistas en el horizonte (Arroyo y Torres Landa) -aunque algunos se empeñan en meter a un tercero (José Luis Romero)- está claro que los jerarcas priistas no saben cómo decirle a Arroyo que no quieren que sea él, el elegido.
Ese parece ser el punto nodal del retraso del lanzamiento de la convocatoria priista.
El dedazo a favor de Arroyo sería lo más fácil de planchar en el terruño.
Es cierto que la corriente antiarroyista suma a varios liderazgos pero en el terreno de los hechos, después de que las candidaturas al Senado se la llevaron dos malquerientes del precandidato, a ese bloque no le queda más que acatar el dedazo.
Y en ese contexto, la figura de Juan Ignacio Torres Landa parece ser hoy la que puntea en esta carrera particular del PRI.
Con todo y sus virtudes políticas y empresariales, la vigencia de Torres Landa como una figura joven y renovadora del priismo guanajuatense es una de las varias muestras de la tragedia priista que no ha sabido renovar sus cuadros durante la última década.
Juani, como lo conocen sus amigos ha aparecido como protagonista en los tres últimos procesos de selección de candidato priista a gobernador.
En 2000, con Francisco Labastida como aspirante presidencial ganó la nominación con naturalidad.
Para las eleciones de 2006 también se le mencionó como posible candidato, aunque en esa ocasión puso la imposible condición de la coalición de los primos-hermanos como él llama la unión de PRI y PRD para que él se postulara.
En esta nueva oportunidad, la condición es su plan 1+3 que consiste en hacerse acompañar de tres candidatos fuertes y con posibilidades de recuperar el poder en León, Irapuato y Celaya que no ha soltado el PAN en dos décadas.
Justo hace unos días surgió en columnas de medios nacionales el nombre del padrino que hace fuerte a Torres Landa, el ex gobernador del Estado de México Arturo Montiel, de gran ascendencia con Enrique Peña Nieto.
Este dato deja claro que el dedo va dirigido a Juani a quien últimamente se le ve echado para adelante. Y es que adicionalmente a este último factor, Torres Landa cuenta con la venia de poderosos empresarios leoneses que ven con buenos ojos la posibilidad de la alternancia en el estado y en León.
Algunas señales del ambiente parecen alimentar la tesis de que Torres Landa aparece como favorito en este último tramo de la carrera por sus relaciones y por su perfil.
Pero al mismo tiempo, ciertas reacciones del senador Francisco Arroyo dejan ver que si bien no se ve la posibilidad de rebelión en caso de dedazo a favor de Torres Landa, sí la expectativa de un proceso traumático de asimilación de esa designación.
En otras palabras, es difícil imaginar a un Arroyo, al estilo Wintilo Vega quien hizo berrinche hace seis años y aventó a la basura, la candidatura a gobernador.
Nunca, en su trayectoria, Arroyo ha sido un kamikaze y no es este el momento más oportuno para mostrar ese perfil.
No, cuando el PRI se encuentra en el umbral del regreso a Los Pinos y los premios de consolación para él pueden ser varios y muy apetitosos.
Pero eso no significa que el dedazo a favor de Torres Landa entraría como cuchillo en mantequilla.
Abajo y detrás de Arroyo, hay precandidaturas comprometidas, ilusiones que se han forjado junto a las del Senador y que no se pueden borrar de un plumazo.
Otros estados como Yucatán y Morelos, ya registran actos de protesta por rechazo al dedazo del centro.
Guanajuato no podría ser la excepción. La pregunta es a qué precio estaría Arroyo dispuesto a firmar su declinación.
Las viejas prácticas del PRI no han muerto pero sí la disciplina a ultranza. El PRI no gobierna en Guanajuato y hay pocos premios de consolación, seguros.
De esta forma, un escenario de inconformidades tampoco es descabellado. Un ambiente de desánimo y de respaldo a medias a un candidato que con todo y sus virtudes, surge de la nada.
Si Torres Landa llega ungido por un priismo disciplinado y unido puede tener opciones. Si lo hace con legiones de desairados y decepcionados porque trabajaron varios años y no alcanzaron lo que buscaban, la nave puede volver a naufragar.
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El partido PRI no demuestra cambio en su forma del manejo de la politíca .
Continuan con sus mismas prácticas de ejercicio del Poder que les ha redituado dividendos abundantes .
Bloquearón todas las iniciativas del partido en el gobierno ,si hubieran sido mas inteligentes ,aprobarían las iniciativas que urgen para la mejora del País .
Como dice el refan popular ,No es Gripe para que se quite de un dia a otro ! NO HAY NUEVO PRI











